Melómano de oficio

Me encuentro en búsqueda de música. Quiero sentirla, que sea una experiencia. No puedo dejar de pensar en eso, en el ritmo, en artistas clásicos y emergentes. A veces salgo a caminar sin rumbo, con la única intención de llevar mis audífonos en los oídos, y el mundo puede ser lo que se le plazca.

Tengo una canción para cada día, para cada estación del año, tengo un tema para cada estado de ánimo. Las conversaciones se tratan de música, porque, ¿de qué otra cosa deberían tratar? Salto de mi cama en madrugadas y enciendo el equipo, mi principal adicción. Hace un par de meses dejé el cigarrillo, no me costó casi ningún esfuerzo. Pero si dejara pasar un día sin escuchar música, sería un día perdido.

De qué serviría mi vida sin mis oídos, si lo único que pide la orquesta de mi cabeza es qué se inicie la pista. También juego a apreciar la música externa, ordeno el caos de la contaminación acústica y canto en la ducha, aunque  no entone demasiado prolijo.

 Me declaro un melómano, es verano y no deja de sonar en mi cabeza summertime interpretado por Janis Joplin, mi vida con banda sonora o momentos acompañados por una canción en mi memoria.images-4

  Descargo lo nuevo con cierto grado de precaución, compro vinilos antiguos con mayor fe que un cristiano. Si pienso en regalos, figuro gustos o posibles discos que pudiese atraerle, si viajo, le doy la misma importancia al itinerario que a la lista de reproducción al prepararme.

En las tiendas la ropa me tiene sin cuidado, pero los sistemas de sonido en oferta me hipnotizan como la flauta de Hamelin. Los sábados en la noche los cantos de sirena no dejan de cautivarme, y no me importa si me pierdo en alta mar siguiéndolos.